12.8.08

Veneno para la razón

Suspensión. Desaparecer. Es sólo una parte de los deseos que hoy visitan mi ser. Dos bolsas. Una posibilidad. Ganar. Perder. La perdida no sale de mis manos, se aferra y pesa.. es una piedra casi imposible de sacar. Mi mente se pregunta si alguna vez la bolsa de ‘ganar’ rozó esta piel con infinidad de heridas. No hay respuesta. Observo a los seres que me rodean: ellos hacen que parezca fácil el camino. Pero cuando llega la hora de la acción nada es fácil, mucho menos el triunfo.
Y la piedra (oh, tan familiar) se interpone una vez más. Pero esta no es como todas, esta es mucho más pesada, mucho más de lo que creí. Mis brazos se rinden por inercia, involuntariamente. Pero mi mente, paralelamente, desea seguir. Mas las fuerzas se agotaron, y no hay de donde recuperarse.. o no logro encontrar esas fuerzas. Muchos dicen que están en los que me rodean. Otros, en mi misma. Da la casualidad de que no es la primera vez que no logro encontrar(me) dichas fuerzas. Motivo más que suficiente para abandonar la lucha, y esfumarse de este mundo.
Hay algo(alguien) que me lleva a seguir luchando, a no bajar los brazos, a perseverar hasta triunfar; mas persevero, pero no triunfo. Sería normal que el motivo que nos lleva a seguir luchando nos de aliento. Pero ¿qué ocurre cuando esto no pasa? Caída (distinta de tropezón). Este “no-tropezón” deja al descubierto una falla, más bien yo diría desinterés. Pero no desinterés del luchador sino del motivador. Entonces ¿por qué seguimos luchando por algo(alguien) que no se interesa?
Ceguera. Contradicción.

1 comentario:

Mariana dijo...

Luchamos, porque estamos obligados (por quien quieras tomar de abusador: uno mismo, él, los otros).
No nos rendimos de manera terminante, porque por dentro sabemos que no es una opción. Sin embargo muchas veces, decimos y logramos "Que todo se vaya al carajo".
Está en cada uno (y su entorno).
Si querés yo puedo ayudarte a no dejar, estoy dispuesta.