24.6.09

Amor en rojo

Hoy, una imagen tan simple y común, le alegró la tarde. Iban ellos dos, Madre e Hijo, abrazados y contentos. Hijo, con una sonrisa de oreja a oreja, le dió un beso a Madre demostrándole todo ese cariño que le tiene. Y Madre también soltó una risita, llena de orgullo. ¡Tiene sentimientos! -pensó ella (no, ¿te parece?)-. ¡Si! Tiene sentimientos. Esos mismos que tuvo alguna vez por vos, que sintió por vos, que vivió por vos y que expresó.





Por vos (mi).

20.6.09

Dieciséis

Horribles










dieciséis

3.6.09

Espantapájaros

Abandoné las carambolas por el calambur, los madrigales por los mamboretás, los entreveros por los entretelones, los invertidos por los invertebrados. Dejé la sociabilidad a causa de los sociólogos, de los solistas, de-los sodomitas, de los solitarios. No quise saber nada con los prostáticos. Preferí el sublimado a lo sublime. Lo edificante a lo edificado. Mi repulsión hacia los parentescos me hizo eludir los padrinazgos, los padrenuestros. Conjuré las conjuraciones más concomitantes con las conjugaciones conyugales. Fui célibe, con el mismo amor propio con que hubiese sido paraguas. A pesar de mis predilecciones, tuve que distanciarme de los contrabandistas y de los contrabajos; pero intimé, en cambio, con la flagelación, con los flamencos.

Lo irreductible me sedujo un instante. Creí, con una buena fe de voluntario, en la mineralogía y en los minotauros. ¿Por qué razón los mitos no repoblarían la aridez de nuestras circunvoluciones? Durante varios siglos, la felicidad, la fecundidad, la filosofía, la fortuna, ¿no se hospedaron en una piedra?

¡Mi ineptitud llegó a confundir a un coronel con un termómetro!

Renuncié a las sociedades de beneficencia, a los ejercicios respiratorios, a la franela. Aprendí de memoria el horario de los trenes que no tomaría nunca. Poco a poco me sedujeron el recato y el bacalao. No consentí ninguna concomitancia con la concupiscencia, con la constipación. Fui metodista, malabarista, monogamista. Amé las contradicciones, las contrariedades, los contrasentidos... y caí en el gatismo, con una violencia de gatillo.


Oliverio Girondo. 4




Ratón, el queso que te brindaba no te alcanzó. Saliste a buscar nuevas alternativas, y encontraste más queso, pero no el mismo. ¿Lo notaste?

No creo.