- Ay nena, con la Filosofía no podés hacer nada útil para la sociedad! Mira las cosas que me venís a plantear?!
Eso fue lo último que escuchó Ema antes de salir enojadísima de su casa, luego de haber iniciado una fuerte discusión con su padre acerca del papel de la Filosofía hoy en día, y el futuro de esta. Ella estaba bastante convencida de que la Filosofía era algo mucho más grande de lo que se dice. La Filosofía para Ema era la madre de algo (así como el Latín es la lengua madre), pero no podía definir todavía de qué. Y no se animaba a decir que era la madre de las “ciencias” porque eso desataría otra discusión mucho más amplia, que quizás era necesaria, pero tendría que pensarlo bastante previamente para poder expresarlo.
En cuanto puso los pies en la calle, su mente empezó a volar, eso para ella era la libertad más absoluta, la libertad de poder pensar lo que quisiese dentro de su cabeza, y que nadie se interpusiera entre sus pensamientos y ella.
“¿Cómo me va a decir que a la sociedad le sirve más conocimiento científico que otra cosa?”, pensó Ema mientras caminaba. Por más que uno tenga todos los datos o la información del mundo, de nada sirve si no sabemos interpretarla, si no podemos descubrir su significado. No se puede hacer nada con un hallazgo científico, si no se sabe la esencia de este, su relación con el mundo y su función en la sociedad. Y eso sí que no lo puede decir un Físico, por ejemplo.. por lo menos no tan completamente como uno quisiera. Y aunque no le guste ni a Ema, ni a su papá, la ciencia y la Filosofía dependen una de la otra.
Se cruzó con una madre, su bebé y un nene más grande. Y pensar que había quien decía que la Filosofía era cosa de niños. Seguía sosteniendo lo contrario más ahora que vió a este nene caminar feliz por la calle pensando en cualquier otra cosa menos en la Filosofía. Aunque, metiéndose más a fondo, los niños piensan en el color de su pelota, o del auto de juguete, y no en Filosofía, porque la sociedad se ha encargado de estereotiparlo así, ¿o no?. Desde que uno tiene uso de razón, tiene fijados sus intereses e inquietudes acordes a cada edad. Pero, ¿cuál es el criterio para esos intereses e inquietudes? Qué bonito el bebé también, pensó. Ooootra vez. El bebé le parece bonito, por el estereotipo de belleza, por los patrones que se plantean en la sociedad. Pero, ¿y si fuese todo al revés de lo que está establecido? ¿Por qué se estableció X como belleza y no Y?
“Ay papá, si entendieses que la ciencia no te dice por qué una persona es linda o no; tampoco es que lo haga la Filosofía, pero por lo menos se lo pregunta e intenta deducirlo” Esa frase retumbó en su cabeza, sin salir de su boca.
Siguió caminando. Dobló la esquina y ahí estaba el ya conocido encargado del edificio de la vuelta de su casa. Su relación con él nunca fue muy buena. Pensando en eso siguió caminando y se tropezó con él.
- ¡Mirá por donde caminás, nena!- gritó el encargado.
- ¡Bueeeeno, hay algo que se llama estar distraido pensando!
- Aaah, otra más, ¿no? Ya me contó tu papá que le planteás esas cosas de la Filosofía que no se qué, mirá que con tener todos los pensamientos esos que quieras en tu cabeza, no hacés nada. Acá lo que hace falta es práctica, no teoría.
- Si no tuvieses la mente tan cerrada, podrías haber escuchado alguna vez que hay gente que ve a la Filosofía como un método de vida, con un significado práctico; que es lo que querés vos, ¿no?
- Buenas tardes- le respondió el encargado con un tono seco y entró al edificio lo más rápido posible.
Ema siguió su trayecto, con un gustito de triunfo en sus adentros.
Que su cabeza trabajaba a mil, es poco. Pensamiento tras otro, idea tras otra, cuestionamiento tras otro. Cuando quizo darse cuenta, ya le había dado la vuelta a la manzana y estaba de nuevo en la puerta de su casa.
“Wow” pensó, “todo lo que se me pasó por la cabeza en una sola vuelta manzana”. “Que cosa loca esa, bah, loca no, interesante; la cantidad de cosas que pueden transitar en nuestra cabeza, a raíz de un solo pensamiento”. “Pensamiento, otra cosa interesante: la palabra pensamiento. Pensamiento.. pensamiento..”
“¡Sí! LA FILOSOFÍA ES LA MADRE DEL PENSAMIENTO!” La gente que pasaba a su lado en ese momento se asustó y comenzaron a alejarse. Ema empezó a reirse sola, y decidida, puso la llave en el cerrojo, para entrar a su casa, e intentar de nuevo debatir con el papá, aunque esta vez fuera a terminar peor. No importa, ahora estaba más convencida. Y si el papá le refutaba con algo de la ciencia, sabía que responderle: que para que la ciencia se hiciese sus cuestionamientos e investigaciones, todo se había originado en el pensamiento y en la cabeza de algún científico. Y eso, también es Filosofía.
Para partir de la Filosofía, hay que partir del pensamiento. Esa palabra que todavía Ema no logra desmenuzar completamente, pero sabe que está en su cabeza, en su mente, en sus ideas.
Porque aunque no nos demos cuenta, el pensamiento está en todo momento y en todo lugar. Es parte de nosotros, desde lo más mínimo hasta el cuestionamiento más grande sobre la vida. Eso es el pensamiento. Y la filosofía se basa en eso: en el pensamiento, en el origen -quizás- y en el por qué de este.
Seguramente el papá de Ema le refutase a ella que cómo estaba segura de que sus razonamientos o sus pensamientos son válidos o correctos; si tenían o no lógica. ¡Eso también es Filosofía! La pregunta del papá de Ema es Filosofía, y está en su vida, aunque él lo niegue tanto. Porque incluso preguntarse acerca de la veracidad -o lo que sea- de la Filosofía, también es Filosofía.
El padre de Ema no pararía ahí. El era un fanático de la ciencia pura, tenía una mente bastante cerrada y no le gustaba eso de hilar idea tras otra, ir de una conclusión a otra e ir tejiendo razonamientos; no. El quería hallazgos concretos. Por eso le molestaba tanto. No le gustaba que en la Filosofía se partiese desde cero, por más que el mismo planteo se hiciera desde muchísimos años antes. ¿¡Cómo podía ser posible!? Si, puede ser posible. Por más que mil personas se hayan preguntado acerca de un tema en específico, nunca está la certeza de si esas respuestas o conclusiones son certeras o satisfacen las necesidades de los que se lo preguntaron en su momento o de los que se lo preguntarían hoy en día. Por lo tanto, nunca es en vano empezar desde cero con una idea o un razonamiento, porque eso puede, o bien traer nuevas respuestas, o sumar a las ya existentes y ampliar muchísmo el espectro de conclusiones acerca de un tema.
Pocas posibilidades habrá de que Ema y su padre lleguen a un acuerdo. Ambos están muy convencidos de lo que quieren, y -sobretodo el papá- no está dispuesto a recibir nuevas ideas o planteos, menos desde la Filosofía. La ciencia se conforma con lo que halla, no se pregunta por qué es así, o por qué se halló eso. La Filosofía sí, y es algo mucho más amplio; porque, aunque no nos haga llegar a una conclusión muuuuy develadora, va más allá de la simple respuesta, se cuestiona sobre la respuesta propia.
Por lo tanto, la Filosofía nunca se va a quedar conforme con lo que resuelva; se quedará perpleja con lo que halle, y desde ahí desencadenará otro cuestionamiento, y otro cuestionamiento, y así infinitamente; lo que la llevará a no extinguirse nunca, porque incluso la propia extinción de la Filosofía puede ser justamente un cuestionamiento filosófico.
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