21.1.11

La tarde en que te amé

Miraba desde la ventanilla del 29 a la tan cotidiana esquina de Córdoba y Sánchez de Bustamente. El bondi arrancó; mi mente también.
Te miré, tan cerca te tenía. Te volví a mirar, para confirmar que no estaba fantaseando una vez más; seguías ahí. Nos mirábamos mutuamente por largos ratos, sonreíamos, nos volvíamos a mirar, me besabas, era feliz. Las horas pasaban cual estrella fugaz, pero a tu lado nada me importaba. Te conté, me contaste, nos escuchamos, nos entendíamos tan bien. Una y mil veces te repetí que quería congelar ese momento, que me podía morir ahí, con vos. ¡Es que el mundo se podía estar cayendo pero con vos a mi lado lo demás era la nada!
Dejé de mirarte un instante (me costaba tanto) para ver nuestro alrededor, y ahí estaba la tan cotidiana Plaza de Mayo. De un salto dejé mi asiento para tocar timbre, bajar y seguir con la monótona rutina. Te volví a ver, esta vez tan lejos mío y entre el montón. Subí las escalinatas y entré a clases, con la vaga esperanza de que el día pasara rápido conmigo refugiada en nuestro paraíso, aunque vos no sepas que existe.

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