La habitación de Carolina servía de escenario. Había dos baterías: la azul de Nazareno y la beige de Carolina; ambas estaban enfrentadas. Iba a tocar con ellos Mariano. También estaban ahí Juana y Mara.. apoyándolos quizás. Comenzaron. El primer minuto fue un desastre, no podían arrancar bien. Luego de varios intentos lo lograron y todo se dio con tanta fluidez que no parecía real. Las cuerdas de la guitarra empezaron a vibrar. Los platillos explotaron. Los sonidos eran perfectos. Nazareno la miraba a Carolina sorprendido, y a la vez deslumbrado. No podía creer que una chica tocara tan bien aquel instrumento y a la vez lo disfrutara tanto como si lo hiciese de toda la vida. Y ella, por supuesto, estallaba de la excitación por la expresión de Nazareno. Nada más se podía pedir. Terminaron de tocar y el público (?!) se avalanzó sobre el escenario para compartir la alegría. Carolina bajó a buscar agua para Juana y Mara -seguía sin entender que hacían ahí y cuáles eran sus funciones, pero estaba contenta de tenerlas consigo-. Se volvieron a reunir los cinco en la habitación de Carolina a charlar. Todo estaba en perfecto estado, pero Carolina sabía que algo no cerraba. Había algo que no tenía sentido, que estaba fuera de lugar.
Abrió los ojos. 10:20 am del Domingo 14 de noviembre de 2010.
1 comentario:
Yo quería llamarme Freja, buh.
Jajaja. Te amo ad eternum.
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