Llegó al punto de no diferenciar si aquello era amor u obsesión. Creía, aseguraba, sentía que era amor. Pero no puede seguir mintiéndose, eso ya no es amor, es o b s e s i ó n. Después de aceptar aquella desagradable verdad, concluyó que se había metido en un círculo vicioso, para imaginar que lo que la hacía pensar todo el tiempo en él era amor, para sentir (aunque sea) tristeza por no tenerlo con ella, solamente para que él no se fuera de su cabeza, no se esfumara, como todos los recuerdos -que también eran de él-.
La línea que divide al amor de la obsesión es demasiado fina; y ella no se anda con finuras.
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