2.10.09

Se casó la bruja, Tango con Son

Calor. Casa. Familia. Cena. Ella cocina, les cocina. Ellos divagan, se bañan, miran la tele, estudian. El más pequeño sale del baño y lo primero que hace es preguntar qué hay de comer –nunca te va a faltar nada, corazón, no te preocupes-. Los cuatro se sientan en la mesa. Esa mesa cuadrada de madera, pintada de blanco. Ha estado ahí más de dieciséis años, seguro. El aroma de la olla a presión inunda la espaciosa cocina. El aceite hirviendo en la sartén distrae sus oídos. La luz naranja de la arrocera indica que ya está lista la guarnición. El pequeño está relajado. El placer de estar limpio y con rico olor después de un día largo se mezcla con el disfrute de su merecida cena. Piensa en su tía, en su prima y en su tío nuevo, lo quiere mucho, le cae bien. Esta feliz de que ellos estén acá, pasando sus vacaciones con él, con la familia. Ya está pensando en volver mañana de la escuela, buscar la bicicleta e ir a la casa de la tía, merendar con la prima y ayudar al tío. Sonríe.
Cena. Familia. Casa. Calor. Cuba. ¡Felicidad!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me encantó.
Marruli.