Aquel sonido de la guitarra la estremeció, tanto como aquella voz. En menos de un minuto, casi un año de vaivenes atravesó su mente. ¿Por qué? –se preguntó a si misma-. ¿Por qué el destino le había deparado eso? ¿Por qué la vida se había encargado de colocarla en el lugar exacto para que sus caminos se cruzaran? Muchas preguntas, pocas respuestas. Las heridas habían cicatrizado, pero -por alguna razón- volvían a abrirse, y todo era exactamente igual a aquel pasado que ella no quería recordar. No entendía como cabía tanta tristeza dentro de un ser que había sido tan feliz.
Ella necesitaba contemplar esa mirada despistada, pero tan pendiente de todo a la vez; era su droga. Necesitaba escuchar su voz, esa que había dicho las palabras más puras que jamás en su vida escucharía. Esa necesidad de él no se parecía en nada a aquella historia que comenzó entre pinturas y que contará…
…en otra ocasión.
2 comentarios:
Ay chu. Me gusta la renovación.
calm a.
Qué bello.
Hola, Camilála.
Tanto tiempo que no os veo, le tengo un presente, se lo darè mañana :).
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