21.7.09

Paren. ¿Por qué se van? ¿Por qué me(nos) abandonan? A partir de ese instante en que el aire ya no existe pasan a ser un "era, tenía, había, decía, estaba", aba. Separados todo parece distinto. En mi imaginación el tiempo allá se detuvo, pero no, siguió, y siguieron ustedes con él. Se fueron con él. Por favor, no sigan, no se vayan, tengo tantas cosas para decirles. Si sus corazones dejan de latir, el mío también lo hará, porque me voy con ustedes. Y porque si hay algo que no soporto, es verlos partir y no poder hacer nada, porque estoy aquí y ustedes allá. Los quiero alcanzar, pero es tanto lo que nos separa, llegaré tarde. No quiero. Espérenme. Detengan el tiempo, como realmente debería ser; y ahí, cuando los alcanze, también alcanzaré el cielo, junto a ustedes.

3.7.09

Billie Jean

Siempre vas a ser lo mejor, me dijo alguna vez. Cuando olvido no estaba en nuestro diccionario. Cuando desplazamiento era una mala palabra. Cuando éramos algo nuevo para ambas. Una escoba nueva siempre barre bien, sí. Quizás fue hora de renovar un poco, de accionar el botón delete en los recuerdos. Pero, ¿sin ponerse a rememorar cada día, cada noche, cada conversación, cada pelea? No hay enojo. No hay rencor. Hay tristeza. Decepción. Ya camino sola, extrañándote. ¿Lo único que tendré de vos será tu cara en fotos? ¿Tus cartas de hace años? Todo el mundo muere alguna vez, pero hoy no quiero morir, amiga. Tenemos mucho por delante, y no quiero caminar sola.

Acordate.

24.6.09

Amor en rojo

Hoy, una imagen tan simple y común, le alegró la tarde. Iban ellos dos, Madre e Hijo, abrazados y contentos. Hijo, con una sonrisa de oreja a oreja, le dió un beso a Madre demostrándole todo ese cariño que le tiene. Y Madre también soltó una risita, llena de orgullo. ¡Tiene sentimientos! -pensó ella (no, ¿te parece?)-. ¡Si! Tiene sentimientos. Esos mismos que tuvo alguna vez por vos, que sintió por vos, que vivió por vos y que expresó.





Por vos (mi).

20.6.09

Dieciséis

Horribles










dieciséis

3.6.09

Espantapájaros

Abandoné las carambolas por el calambur, los madrigales por los mamboretás, los entreveros por los entretelones, los invertidos por los invertebrados. Dejé la sociabilidad a causa de los sociólogos, de los solistas, de-los sodomitas, de los solitarios. No quise saber nada con los prostáticos. Preferí el sublimado a lo sublime. Lo edificante a lo edificado. Mi repulsión hacia los parentescos me hizo eludir los padrinazgos, los padrenuestros. Conjuré las conjuraciones más concomitantes con las conjugaciones conyugales. Fui célibe, con el mismo amor propio con que hubiese sido paraguas. A pesar de mis predilecciones, tuve que distanciarme de los contrabandistas y de los contrabajos; pero intimé, en cambio, con la flagelación, con los flamencos.

Lo irreductible me sedujo un instante. Creí, con una buena fe de voluntario, en la mineralogía y en los minotauros. ¿Por qué razón los mitos no repoblarían la aridez de nuestras circunvoluciones? Durante varios siglos, la felicidad, la fecundidad, la filosofía, la fortuna, ¿no se hospedaron en una piedra?

¡Mi ineptitud llegó a confundir a un coronel con un termómetro!

Renuncié a las sociedades de beneficencia, a los ejercicios respiratorios, a la franela. Aprendí de memoria el horario de los trenes que no tomaría nunca. Poco a poco me sedujeron el recato y el bacalao. No consentí ninguna concomitancia con la concupiscencia, con la constipación. Fui metodista, malabarista, monogamista. Amé las contradicciones, las contrariedades, los contrasentidos... y caí en el gatismo, con una violencia de gatillo.


Oliverio Girondo. 4




Ratón, el queso que te brindaba no te alcanzó. Saliste a buscar nuevas alternativas, y encontraste más queso, pero no el mismo. ¿Lo notaste?

No creo.